Perfeccionismo y necesidad de control: cuando el verdadero problema nunca fue la comida


Personas que lo hacen todo bien… menos tratarse con cariño
Hay un perfil que se repite con mucha frecuencia en consulta.
Son personas responsables, trabajadoras, perfeccionistas y muy exigentes consigo mismas. Siempre están pendientes de cumplir con todo: el trabajo, la familia, los estudios, los demás…
Desde fuera parecen personas fuertes y resolutivas.
Pero por dentro viven con una sensación constante de que nunca es suficiente.
Si hacen diez cosas bien y una regular, su atención se queda atrapada en esa única que no salió como esperaban.
Con el tiempo, esa presión acaba pasando factura.
Cuando controlar la comida parece dar tranquilidad
Muchas personas creen que tienen un problema porque necesitan controlarlo todo.
Sin embargo, la necesidad de control casi nunca es el problema. Es un intento de sentirse seguro.
Cuando la vida genera incertidumbre, cuando aparecen emociones difíciles o cuando sentimos que perdemos el equilibrio, nuestro cerebro busca desesperadamente algo que sí pueda controlar.
Y la comida parece ofrecer esa posibilidad: Controlar las cantidades, contar calorías, pesarse cada día, eliminar alimentos.
Durante unos minutos aparece una sensación de calma, parece que todo vuelve a estar en orden, pero ese alivio dura muy poco.
Y entonces hace falta controlar todavía más, y así sin darse cuenta, la persona entra en un círculo del que resulta muy difícil salir sola.
Otro aspecto que veo con mucha frecuencia es la relación tan dura que estas personas mantienen con su propio cuerpo, se miran al espejo buscando defectos, piensan que cuando alcancen determinado peso empezarán a sentirse bien, pero ese momento casi nunca llega porque el problema no está realmente en el cuerpo. Está en la forma en que la persona se mira a sí misma.
Si te has sentido identificado…
Quizá mientras leías este artículo has pensado en ti.
Quizá llevas años sintiendo que la comida ocupa demasiado espacio en tu cabeza.
O que la exigencia y la necesidad de hacerlo todo perfecto te están agotando.
Si es así, quiero decirte algo importante: no estás solo y esto tiene tratamiento.
Pedir ayuda no significa que hayas fracasado. Significa que has decidido mirar más allá de la comida para comprender qué está intentando decirte tu mente y tu cuerpo.
Y ese suele ser el primer paso hacia una recuperación profunda y duradera.
Personas que lo hacen todo bien… menos tratarse con cariño
Hay un perfil que se repite con mucha frecuencia en consulta.
Son personas responsables, trabajadoras, perfeccionistas y muy exigentes consigo mismas. Siempre están pendientes de cumplir con todo: el trabajo, la familia, los estudios, los demás…
Desde fuera parecen personas fuertes y resolutivas.
Pero por dentro viven con una sensación constante de que nunca es suficiente.
Si hacen diez cosas bien y una regular, su atención se queda atrapada en esa única que no salió como esperaban.
Con el tiempo, esa presión acaba pasando factura.
Cuando controlar la comida parece dar tranquilidad
Muchas personas creen que tienen un problema porque necesitan controlarlo todo.
Sin embargo, la necesidad de control casi nunca es el problema. Es un intento de sentirse seguro.
Cuando la vida genera incertidumbre, cuando aparecen emociones difíciles o cuando sentimos que perdemos el equilibrio, nuestro cerebro busca desesperadamente algo que sí pueda controlar.
Y la comida parece ofrecer esa posibilidad: Controlar las cantidades, contar calorías, pesarse cada día, eliminar alimentos.
Durante unos minutos aparece una sensación de calma, parece que todo vuelve a estar en orden, pero ese alivio dura muy poco.
Y entonces hace falta controlar todavía más, y así sin darse cuenta, la persona entra en un círculo del que resulta muy difícil salir sola.
Otro aspecto que veo con mucha frecuencia es la relación tan dura que estas personas mantienen con su propio cuerpo, se miran al espejo buscando defectos, piensan que cuando alcancen determinado peso empezarán a sentirse bien, pero ese momento casi nunca llega porque el problema no está realmente en el cuerpo. Está en la forma en que la persona se mira a sí misma.
Si te has sentido identificado…
Quizá mientras leías este artículo has pensado en ti.
Quizá llevas años sintiendo que la comida ocupa demasiado espacio en tu cabeza.
O que la exigencia y la necesidad de hacerlo todo perfecto te están agotando.
Si es así, quiero decirte algo importante: no estás solo y esto tiene tratamiento.
Pedir ayuda no significa que hayas fracasado. Significa que has decidido mirar más allá de la comida para comprender qué está intentando decirte tu mente y tu cuerpo.
Y ese suele ser el primer paso hacia una recuperación profunda y duradera.



