Quiero dejar de fumar, ¿por dónde empiezo?


Tu motivo tiene que convertirse en tu motivación
Durante el proceso habrá momentos en los que aparezcan las ganas de fumar. Y será entonces cuando necesites recordar qué te llevó a tomar esta decisión.
Ese motivo tiene que ser suficientemente importante para convertirse en una motivación interna que te recuerde:
“Esto es lo que yo quiero para mi vida.”
Por eso, elegir bien tu “para qué” merece un poco de tiempo.
La fuerza de voluntad se cansa
Muchas personas llegan a consulta convencidas de que para dejar de fumar necesitan tener mucha fuerza de voluntad.
Pero la fuerza de voluntad es un recurso limitado. A lo largo del día tomamos decisiones, resolvemos problemas, trabajamos, nos ocupamos de otras personas, gestionamos emociones, cansancio, estrés…
Y al final del día nuestra capacidad de autocontrol puede ser menor.
Lo vemos claramente, por ejemplo, en algunas personas que intentan controlar mucho su alimentación durante todo el día y por la noche terminan comiendo de forma impulsiva o teniendo un atracón.
Con el tabaco puede ocurrir algo parecido.
Por eso, dejar de fumar apoyándonos únicamente en la fuerza de voluntad puede resultar agotador. Es mucho más útil trabajar también la motivación, los hábitos, las asociaciones con el cigarrillo y la parte emocional e inconsciente de la adicción.
“Quiero dejarlo por mi pareja”
Puede parecer un buen motivo, pero tiene un problema: depende de otra persona.
“Quiero dejar de fumar porque a mi pareja le molesta.”
“Quiero dejarlo porque mis hijos me lo piden.”
Imagina que estás unos días sin tu pareja o tus hijos. Aquello que estaba sosteniendo tu decisión desaparece temporalmente y puede aparecer el pensamiento: “Por uno no pasa nada, total, hoy no están…”
Tu motivación necesita acompañarte estés con quien estés.
“Quiero dejarlo por mi salud”
Este motivo parece mucho más sólido, aunque también podemos profundizar un poco más.
Imagina que llevas varias semanas sin fumar. Respiras mejor, tienes más energía, has dejado de toser y empiezas a sentirte estupendamente.
Precisamente porque te encuentras mejor, tu cerebro puede empezar a decirte:
“Ya estoy bien. Por fumarme uno tampoco pasa nada.”
Por eso me gusta buscar con mis pacientes una motivación todavía más profunda.
Entonces, ¿cuál puede ser un buen motivo para dejar de fumar?
Un motivo que dependa de ti, conecte con tus valores y pueda acompañarte durante mucho tiempo.
Por ejemplo:
“Quiero ser yo quien tome las decisiones sobre mi vida.”
“Quiero dejar de sentir que el tabaco decide cuándo necesito fumar.”
“Quiero apostar por mi salud durante el resto de mi vida.”
“Quiero responsabilizarme de cuidar mi cuerpo y mi bienestar.”
“Quiero sentirme libre del tabaco.”
Aquí cambia algo importante.
Ya no estás dejando de fumar porque alguien te lo pide, porque tienes tos o porque sabes que fumar es perjudicial.
Estás tomando una decisión sobre cómo quieres vivir.
Si quieres dejar de fumar, empieza por aquí
Coge un papel y termina esta frase:
“Quiero dejar de fumar para…”
Escribe todo lo que se te ocurra.
Y después pregúntate:
¿Este motivo depende únicamente de mí?
¿Seguirá siendo importante dentro de seis meses? ¿Y dentro de cinco años?
¿Tiene que ver con la persona que quiero ser y con la vida que quiero llevar?
Cuando encuentres un “para qué” que realmente conecte contigo, escríbelo y guárdalo.
Porque dejar de fumar no consiste únicamente en apagar un cigarrillo.
Puede ser algo mucho más importante:
tomar una decisión sobre quién quieres que dirija tu vida a partir de ahora: tú o el tabaco.
Y ese puede ser un magnífico lugar por el que empezar.
Ivi González – Psicóloga e Hipnoterapeuta
Acompañamiento psicológico e hipnosis para dejar de fumar.
Tu motivo tiene que convertirse en tu motivación
Durante el proceso habrá momentos en los que aparezcan las ganas de fumar. Y será entonces cuando necesites recordar qué te llevó a tomar esta decisión.
Ese motivo tiene que ser suficientemente importante para convertirse en una motivación interna que te recuerde:
“Esto es lo que yo quiero para mi vida.”
Por eso, elegir bien tu “para qué” merece un poco de tiempo.
La fuerza de voluntad se cansa
Muchas personas llegan a consulta convencidas de que para dejar de fumar necesitan tener mucha fuerza de voluntad.
Pero la fuerza de voluntad es un recurso limitado. A lo largo del día tomamos decisiones, resolvemos problemas, trabajamos, nos ocupamos de otras personas, gestionamos emociones, cansancio, estrés…
Y al final del día nuestra capacidad de autocontrol puede ser menor.
Lo vemos claramente, por ejemplo, en algunas personas que intentan controlar mucho su alimentación durante todo el día y por la noche terminan comiendo de forma impulsiva o teniendo un atracón.
Con el tabaco puede ocurrir algo parecido.
Por eso, dejar de fumar apoyándonos únicamente en la fuerza de voluntad puede resultar agotador. Es mucho más útil trabajar también la motivación, los hábitos, las asociaciones con el cigarrillo y la parte emocional e inconsciente de la adicción.
“Quiero dejarlo por mi pareja”
Puede parecer un buen motivo, pero tiene un problema: depende de otra persona.
“Quiero dejar de fumar porque a mi pareja le molesta.”
“Quiero dejarlo porque mis hijos me lo piden.”
Imagina que estás unos días sin tu pareja o tus hijos. Aquello que estaba sosteniendo tu decisión desaparece temporalmente y puede aparecer el pensamiento: “Por uno no pasa nada, total, hoy no están…”
Tu motivación necesita acompañarte estés con quien estés.
“Quiero dejarlo por mi salud”
Este motivo parece mucho más sólido, aunque también podemos profundizar un poco más.
Imagina que llevas varias semanas sin fumar. Respiras mejor, tienes más energía, has dejado de toser y empiezas a sentirte estupendamente.
Precisamente porque te encuentras mejor, tu cerebro puede empezar a decirte:
“Ya estoy bien. Por fumarme uno tampoco pasa nada.”
Por eso me gusta buscar con mis pacientes una motivación todavía más profunda.
Entonces, ¿cuál puede ser un buen motivo para dejar de fumar?
Un motivo que dependa de ti, conecte con tus valores y pueda acompañarte durante mucho tiempo.
Por ejemplo:
“Quiero ser yo quien tome las decisiones sobre mi vida.”
“Quiero dejar de sentir que el tabaco decide cuándo necesito fumar.”
“Quiero apostar por mi salud durante el resto de mi vida.”
“Quiero responsabilizarme de cuidar mi cuerpo y mi bienestar.”
“Quiero sentirme libre del tabaco.”
Aquí cambia algo importante.
Ya no estás dejando de fumar porque alguien te lo pide, porque tienes tos o porque sabes que fumar es perjudicial.
Estás tomando una decisión sobre cómo quieres vivir.
Si quieres dejar de fumar, empieza por aquí
Coge un papel y termina esta frase:
“Quiero dejar de fumar para…”
Escribe todo lo que se te ocurra.
Y después pregúntate:
¿Este motivo depende únicamente de mí?
¿Seguirá siendo importante dentro de seis meses? ¿Y dentro de cinco años?
¿Tiene que ver con la persona que quiero ser y con la vida que quiero llevar?
Cuando encuentres un “para qué” que realmente conecte contigo, escríbelo y guárdalo.
Porque dejar de fumar no consiste únicamente en apagar un cigarrillo.
Puede ser algo mucho más importante:
tomar una decisión sobre quién quieres que dirija tu vida a partir de ahora: tú o el tabaco.
Y ese puede ser un magnífico lugar por el que empezar.
Ivi González – Psicóloga e Hipnoterapeuta
Acompañamiento psicológico e hipnosis para dejar de fumar.



